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domingo, 27 de noviembre de 2011

Confesión Noviembre

Entre mis planes nunca estuvo quererlo de la forma que lo hice y mucho menos que el sentimiento llegara hasta el día de hoy, por el contrario siempre andó por mi cabeza esa tonta idea de dejarlo y seguir, porque me di cuenta que me estaba volviendo dependiente a su presencia. 

En esos mismos planes tampoco estaba extrañarlo, llorarlo, recordarlo; sólo existía esa ilusión juvenil del amor verdadero, no estaban todos esos pequeños vicios dañinos que meses después me volverían lo que soy ahora. Por él me convertí en el ser detestable que existe hoy en día, exactamente el tipo de ser humano que no quiere apoyarse en alguien pero no hace más que llorar en hombros extraños. Del tipo de ser humano que escogió su razón y placeres a sus sentimientos reales; del peor tipo de ser humano, para ser sincera, la que acepta todo lo que pasa por su corazón, la que se le revuelve el estómago al pensar su debilidad, la que la admite para dejarla ir. 

Porque creo fielmente que soy tan efímera como ese sentimiento que me rehuso a dejar ir, porque me siento tan viva como el sentimiento que retengo y porque me estoy dejando morir a medida que crece la nostalgia. 

Quizá, tan sólo quizá logre deshacerme del yo que se odia a sí mismo y nazca uno nuevo, uno no tan dulce ni tan crédulo, uno más 'merecible', uno que entienda que tal y como llegan las cosas deben irse, sin lugar, sin hora, sin esperarlas y sin desearlas.

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