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sábado, 3 de diciembre de 2011

La lluvia

La lluvia de este noviembre era diferente a la lluvia de lso años anteriores, esta tenía en su caída un dulce movimiento que reflejaba la melancolía de lo que ya no está. 

En cambio la de diciembre tiene ese caer duro y ruidoso, que nos recuerda que se acabó todo, como siempre, que algo nuevo empieza, que todo es tan finito como la tierra misma. Y les duele, a aquellos que creen en el infinito y en la eternidad, les duele a los que sueñan y no viven, les duele a los que nunca aprendieron que el mejor sueño era despertarse y correr, caminar, cantar, llorar, reir. 

La lluvia de estos meses es diferente a la de años anteriores, antes era simple naturaleza, agua que caía y empapaba, la de estos días junta los corazones, además que estas ráfagas recientes nos recuerdan que cada cosa que pasa se la lleva o el viento o la lluvia.

Mis recuerdos,más bien, con el que inicio lo que tanto me gusta recordar es en una tarde de tenue lluvia, con él, cantando, buscando el sol y evadiendo. De haber sabido que lo que inicia una tarde de lluvia, bajo ella, no perdura, me hubiese esperado a que saliera el sol y lo hiciera fuerte y duradero....Menos mal no dura, porque su cortina húmeda nos cubre aún máslos defectos amados, ese aire romántico, místico, íntimo nos hace creer que nunca antes nadie había vivido algo tan real y verdadero....para tiempo después nosotros mismos ser los causantes de nuestros días grises, porque nadie nunca antes había sentido ese dolor. 


Y la lluvia, hermosa, no tiene la culpa que nosotros pensemos que es gracias a ella que las cosas fluyen o mueren, si están destinadas o no, si se extraña o se recuerda. Está lloviendo -como siempre- sólo que esta vez el sol está a la vuelta de mi esquina. 

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